- NOTA DEL COPISTA : Esto esta Extraido del excelente libro DA VINCI,EL CODIGO SECRETO por ANDRES,GARCIA CORNEILLE y de verdad que no suelo recomendar que compren libros,pero este vale los 4 o 5 Euros de su precio y no debe faltar en su biblioteca,se los recomiendo y esta clase de autores merecen verse recomendados.aquí solo puedo exponer una pequeña parte de su obra,que explica algo mas del esoterismo y mucho sobre la polemica vida de Leonardo Da Vinci.
- Respecto a este tema,habra mas...por supuesto,de a poco ire acercando el material y difundiendolo,como este que es EXCLUSIVO y que te pedimos que COMPARTAS SIN FINES DE LUCRO...En algun tiempo,hablare algo sobre Da Vinci y dare mis reflexiones,mientras tanto es un orgullo presenatar a un estudioso de Filosofia,Historia del arte y Misterios de Oriente,en una obra CERCANA A LA DE UN INICIADO y diferente de las opiniones conocidas en los medios CARACTERIZADAS POR LA IGNORANCIA DEL FANATISMO y por el ACICATE DEL DINERO Y LA PRESION,que los PODERES ESTABLECIDOS ESGRIMEN PARA DEFENDERSE como puede verse hasta el hartazgo en los medios de comunicacion que manejan...
1-APOCRIFO,NO ES FALSO-GNOSIS OTRA VISION DE LA REALIDAD :
Introducción a una forma secreta de conocer la realidad
El lector se habrá preguntado muchas veces quién es y en qué universo vive.También, habrá sospechado que muchas veces le habrán contacto irrealidades para convencerlo de que las cosas fueron de una manera cuando fueron de otra.
Más de una vez, habrá comprendido a medias que aquello que le dijeron que era la realidad era en verdad una gran mentira, tejida a propósito con el fin de confundirlo para que toda su vida sirviera, sin quererlo, a fines e intereses que no eran los suyos.
Más de una vez, habrá percibido que buena parte de la historia le había sido ocultada, tergiversada, como fruto de una gran conspiración. Sin embargo, el solo pensamiento entocado en la posibilidad de que esto sea lo cierto produce un vértigo insoportable, pues si la idea de la realidad que tenemos resulta ser mentira, ello atenta contra nuestra misma noción de identidad, esto es, nos despoja de nuestra propia noción respecto de quiénes somos y dónde estamos.
En ocasiones, se impone adoptar una actitud valiente y arrostrar los peligros de que todo aquello en lo que creíamos se vuelva cenizas, para tener que vernos cara a cara con una verdad diferente, que aunque tenga una cara terrible cuando la vemos por primera vez, no dejará de ser por ello la verdad, al menos, la verdad como podamos comprenderla.
Si hilamos fino en la relación entre varios hechos de la historia y la comprendemos, habremos ganado algo de certidumbre y comprendido mejor -esta vez, en serio- quiénes somos y dónde estamos.
Las claves para esa comprensión suelen ser arduas de rastrear y se necesitan muchas horas de estudio y a veces la mayor parte de tina vida para acercarse a la comprensión que buscamos.
Este libro contiene algunas de esas claves, facilitadas al lector para allanarle el camino hacia la meta que busca: saber dónde está, en qué universo, y en definitiva, quién es en realidad. Los códigos secretos no son una metáfora, una fabula, una manera de decir una cosa por otra: los códigos secretos son el testimonio de la realidad que se quiso escamotear tantas veces, a fin de confundir a la humanidad respecto de su verdadera identidad.Aquella que debe conocer, aunque le resulte aterradora a algunos y hasta enloquezca a otros con sus detalles estremecedores.
La biografía de un iniciado en las verdades ocultas, como el maestro Leonardo Da Vinci, guarda una estrecha relación con un hilo conductor que se verá que viene desde los orígenes mismos de la humanidad y se continúa hasta nuestros días. Para bien o para mal de quien sea, hay verdades que deben ser reveladas y el momento bien puede ser éste... En este libro el lector verá que las facetas más ocultas de las creencias de la humanidad se entroncan con los movimientos políticos y económicos más insospechados, que las sectas ocultistas del pasado tienen una vigencia tan actual como las noticias que puede leer en el diario de esta misma mañana y que, en definitiva, el pasado, el presente y el futuro, vistos desde otro lugar, conforman un paisaje único que lo tiene también por protagonista, ya que ningún hombre del pasado y del presente -mucho menos del futuro- pudo ni podrá escapar de la trama secreta que se esconde detrás de los acontecimientos más trascendentes -y aun de los entendidos como más insignificantes- que contiene la historia (le la humanidad, desde sus comienzos hasta la aparición misma de Nuestro Señor Jesucristo y, después de él, hasta la actualidad.
2-ARGUMENTO DEL CODIGO DA-VINCI DE DAN BROWN
¿Qué es el Códido Da Vinci?
El Código Da Vinci, la obra maestra de Dan Brown, tiene un argumento atrapante que no deja de sentar un preocupante interrogante en nuestras creencias sobre lo que fue real y lo que no en la historia que nos contó la cultura desde la misma infancia, referente al destino de Cristo desde el mismo momento en que fue condenado.
Se trata de una novela de éxito mundial, basada en una trama inquietante. La misma es la siguiente: un viejo conservador del museo del Louvre, en París, muere asesinado, pero antes de expirar deja una serie de pistas distribuidas de un modo que trasunta que fue realizado adrede. Su nieta Sophie y un investigador norteamericano abocados a develar el enigma de la desaparición del conservador del museo, se percatan de que el abuelo trataba de dejar un mensaje revelador no de la identidad de su asesino, sino de las evidencias de un formidable secreto. El anciano era miembro de una antigua secta ocultista llamada El Priorato de Sión, que durante muchos siglos se encargó de custodiar ese extraordinario enigma. Su revelación constituye la evidencia de una diferencia respecto de las creencias unánimemente aceptadas hasta ese momento por la mayoría de los hombres. Desde luego, el Vaticano habría dedicado una buena parte de sus esfuerzos, durante casi dos mil años, a conservar oculto ese secreto.
El secreto, terrible por sus implicancias para las creencias más acendradas de Occidente, es que Jesús estuvo casado con María Magdalena, quien estaba embarazada cuando Cristo fue crucificado. El secreto se mantiene vivo gracias a una secta conocida como El Priorato de Sión. Este priorato es también el guardián de la verdadera fe en Jesús y María Magdalena, basada en la teoría del sagrado principio femenino. La novela, por tanto, consiste en una carrera por encontrar el Santo Grial. Pero en vez de buscar el cáliz de la Ultima Cena lo que se busca principalmente son los restos de María Magdalena.
Sophie, la nieta del asesinado conservador del museo del Louvre, y el restaurador norteamericano comenzarán una competición en la que la Iglesia será su rival, representada en la figura de un albino, miembro del Opus Dei, que recibe indicaciones de un obispo y de un misterioso Teacher. Correrán detrás de las pistas codificadas que el abuelo de Sophie fue dejando. Es un gran rompecabezas que les llevará desde los bancos de Zurich a la iglesia del Santo Sepulcro, y de la Abadía de Westminster a las pinturas de Leonardo Da Vinci. La historia de Da Vinci consiste en que parece que plasmó su devoción al Santo Grial Femenino en la representación de la Ultima Cena. La interpretación de estas claves dejadas por uno de los más grandes genios del Renacimiento Italiano, Leonardo DaVinci, dará cuerpo e intriga a esta novela inquietante, que es un best seller mundial de nuestro tiempo.
3-LA OTRA REALIDAD QUE ASOMA EN EL CODIGO :
EL ÉXITO DE EL CÓDIGO DA VINCI:
UN ACONTECIMIENTO NO CASUAL
"Si el ciudadano común pudiera relacionar todos y acceda uno de los hechos que lee en el periódico, cada mañana, y pudiere ver claramente la referencia a lo mismo que ellos guardan, sencillamente se volvería loco" ([LP Lovecrafl; Los Mitos de chtulhu)
Cada ser humano de los que habitamos la Tierra, desde el comienzo mismo de la civilización, necesitamos para vivir algunas cosas de las que no requieren los animales ni las plantas. Estos precisan para conservar la existencia de alimento y agua, en cualquiera de sus formas, pero nosotros tenemos menester de algo más. Esto sucede así porque somos criaturas mucho mis complejas que las plantas y los animales. Nosotros, hasta donde conocemos, somos los únicos seres capaces de interpretar la realidad no como el exclusivo momento presente, sino también capaces dle entender -en la medida de las capacidades de cada individuo- la porción de pasado y de futuro que podemos imaginar. Ello, aun en el caso del menos imaginativo de nuestros congéneres, es una necesidad vital.
En toda edad, los seres humanos necesitamos comprender el inundo, la realidad donde nos encontramos, pues la condición humana es necesariamente la condición de un
ser vivo que precisa saber dónde se encuentra, de dónde proviene y hacia dónde va.
Es por esta necesidad básica que no poseen los otros organismos vivos fuera de nuestra especie, que necesitarnos forjarnos una imagen del mundo.
Esta imagen del mundo -la imago mundi de la que hablaban los sabios antiguos- está creada por la información que nos proporciona lo que nosotros mismos, como individuos, alcanzamos a comprender de nuestro entorno imnediato:las personas con las cuales habitualmente nos relacionamos, primariamente nuestra propia familia, las relaciones que establecemos en nuestro vecindario, nuestros afectos y nuestros enconos, nuestras preferencias por tales y cuales personas, las razones que nos damos para amar u odiar, o bien permanecer indiferentes ante tales y cuales sujetos.
La anterior es una escala muy mínima, que hace sin embargo a nuestra esfera más sensible.
Hay una escala mayor, de ninguna manera menos capaz de influir en nuestra vida y nuestro estado de ánimo. Está compuesta por aquellos círculos de relación de los que también formamos parte, que se nos presentan a la imaginación como más abstractos, pero que, a poco que les prestemos atención, vemos que operan poderosamente sobre nosotros, aunque de tina forma menos perceptible que la que ejerce un familiar nuestro o nuestro molesto vecino inmediato.
Se trata del aspecto más amplio de la comunidad global donde vivimos. Estamos hablando de las relaciones mucho menos evidentes que guardamos con la comunidad que nos alberga a nosotros, a nuestra familia y a todas las personas que viven en nuestro mismo vecindario. Se trata de nuestra ciudad, nuestro pueblo, nuestra aldea, según el caso de cada uno.
Y este sistema del que formamos parte, sin quc mneditemos quina ni una vez en toda nuestra vida en ello, está contenido en un sistema aún mayor, que es el país entero que conformamos con todos sus habitantes.
Muchos de nosotros sabemos qué son las mamushkas, esas muñecas rusas que contienen dentro otra muñeca igual, que a su vez contiene otra, dentro de la cual hay otra más, que a su vez guarda otra igual, aunque más pequeña, en su interior.... Yo tengo en este cuarto donde escribo estas consideraciones sobre Leonardo Da Vinci, una mamushka dle casi un metro de altura, que contiene 79 mamushkas más en su interior, una dentro de otra. Bien, de la misma forma que la gran mamushka que ahora estoy mirando cuando alzo la vista del teclado de esta computadora, este sistema que se multiplica desde nosotros hasta el planeta mismo que ocupamos, contiene sistemas y sistemas similares, pero cada vez más grandes, a partir de la primera mamushka, la más pequeña, que viene a ser como el individuo que somos todos y que está escondido en el interior.
Yo sólo veo la gran mamushka que las contiene a todas, que es la representación aquí, en esta relación que estamos haciendo, del resultado final de la suma de todo lo que contiene su interior: -los sistemas cada vez más grandes, las mamushkas que contienen más sistemas dle relación entre partes cada vez mayores, hasta llegar a la única imagen dle casi un metro de alto que tengo ante mí. Esta gran mamushka representaría lo que se da en llamar el sistema social mundial total. Con este nombre designamos a la suma de relaciones que, van desde el individuo con su entorno familiar inmediato -segunda mamushka- el del individuo y su familia con su vecindario -tercera mamushka- el de su vecindario con todos los vecindarios de la ciudad -cuarta manuashka- y así sucesivamente. Hablamos de ochenta mamushkas en total, hasta llegar a la que veo, la más grande. No nos tenemos que olvidar de que cada mamushka -a partir del único individuo que somos cada uno de nosotros, la más pequeña y la inicial- contiene no sólo la relación de cada grupo de individuos que representa entre sí, sino también la relación que ese individuo que somos guarda con el conjunto.
Lo único que veo es la gran mamushka, el sistema social mundial total, pero sé, aunque no pueda ver las otras 79 mamushkas, que todos los otros subsistemas están guardados en su interior, hasta llegar al individuo que todos somos, el que está en el centro de todo este conjunto.
Para el individuo, de quien emana -por así decirlo- todo el conjunto, es tan difícil imaginarse la realidad concreta de la última mamushka que yo veo como para mí -aunque sé que está allí- imaginarlo a él.
Sin embargo, tanto el sistema social mundial total como el individuo existen concretamente.
Para el individuo encerrado en el sistema mundial total, lo que le suceda al conjunto -por ejemplo, si golpeo la superficie de la gran mamushka final, el eco le llegaría muy apagado, casi inaudible- será algo casi imperceptible. Le llegará un eco muy apagado.
Por su parte, a la superficie del sistema social mundial total le pasará lo mismo si, por ejemplo, el individuo contenido en su interior estalla, por causas cualesquiera: yo apenas oiré, contemplando la superficie del gran sistema, lo que pasa en lo más hondo de su interior, en el espacio más minimo de todos, el que ocupa el individuo.
Sin embargo, si algo le sucede al conjunto de estas muñecas encerradas las unas dentro de las otras, el cambio las afectará a todas. Por ejemplo, si inclino a la gran mamushka, todas las mamushkas contenidas en su interior -todos los subsistemas de relación que se establecen a partir del individuo- se inclinarán según el mismo patrón de inclinación que yo le de a la gran mamushka. Si la inclino en un átlgulo de 45 grados, el individuo representado por la más pequeña de las mamushkas en su interior tendrá exactamente el mismo ángulo dle inclinación que la última mamushka y todas las intermedias.
Si tumbo de lacio a la gran mamushka, del mismo modo estarán tumbadas sobre su lado todas las que contiene.
Esto quiere decir que hay acontecimientos capaces de mover el ángulo del conjunto del sistema social mundial total, del mismo modo que lo hago yo al tumbar a la gran mamushka.
Ahora retomemos el punto inicial, cuando hablábamos de las necesidades extras de nuestra especie, los hombres.
Decíamos que los hombres necesitamos un punto de referencia para saber dónde estamos, de dónde venimos y a dónde vamos. Con estas tres nociones armamos nuestra imagen del mundo, que en definitiva es la imagen que tenemos de nosotros mismos, ya que somos también el lugar donde estamos, el lugar del cual venimos y el lugar adonde vamos.
Si cambia ese punto de apoyo, como el punto de apoyo de la gran mamushka, todo el conjunto es el que cambia.
Esto quiere decir que la imagen del mundo que tenemos cada uno (le nosotros es nuestra parte más sensible,aquella que determinara quiénes somos y donde estamos vi
viendo. Cualquier cambio en este punto afectará al conjunto y también al individuo que somos.
Los cambios son inevitables, pues son una ley misma de la naturaleza: todo lo que existe tiene por destino nacer,cambiar, transformarse y al hacerlo, desaparece lo que es
taba antes en un lugar y con unas características determinadas.
La mamushka que estaba de pie ahora está acostada, al go en ella ha variado, aunque sigue siendo casi la misma mamushka, cuando la miro ahora me parece diferente. Se
operó un cambio en ella, un cambio de posición. Mi mano ocupó el papel modificador de lo real, de la misma forma que unas fuerzas hacen moverse de posición a los planetas, que
cambian continuamente de lugar en el sistema solar y en todo el universo, mi mano ha cambiado de lugar al sistema social mundial total representado por la mamushka.
De la misma forma cambian nuestras apreciaciones sobre la realidad que nos rodea, en una infinita evolución de nuestros puntos de vista. El conjunto de los subsistemas que guarda la gran mamushka "sienten" de un modo diferente su relación con el espacio después de la modificación que le imprimió a su conjunto mi mano, un agente natural, en esta representación, de los cambios dinámicos que continuamente ofrece la realidad.
Del mismo modo, los hombres de cada época han sentido los cambios de la realidad, dando cuenta ele cada uno de esos cambios en la medida de sus posibilidades.Algunos los han percibido antes y otros después, pero todos estuvieron comprometidos con ese cambio y ninguno dejó de sentir los efectos de los mismos.
El grado de percepción que tenemos los hombres de los cambios varía grandemente de un individuo al otro. La mayoría, adhiere a las concepciones que crea el conjunto, pues ello les da una pertenencia a algo, una identidad: el papel de las minorías que creen otra cosa nunca fue grato y la mayoría de las veces, si indagamos un poco en lo que se refiere a testimoniar con riesgo ele la misma persona lo que comprendemos de los cambios que sufre el sistema social mundial total, bastante peligroso.
Hay urja parte de la humanidad deseosa ele insistir en que la gran mamushka no ha cambiado nunca de posición, a fin de seguir ocupando la misma posición que tenía antes del cambio, y está dispuesta a sacrificar cualquier cosa con tal de mantener a todos aferrados a la misma imagen del mundo anterior.
Aquellos que ven lo que sucede en el conjunto, en la gran mamushka, corren gran peligro, pues la mejor salva guarda de los que se benefician con la visión equivocada de la mayoría, la que insiste en que la mamushka no ha cambiado de posición, es que la mayoría siga pensando lo mismo y sostenga así su imagen de mundo, la más beneficiosa para sus intereses.
Sin embargo, algunos hombres se han animado a arriesgar sus propias vidas en pro de mostrar cómo estos cambios han actuado y actúan sobre el conjunto de la humanidad. Poclemos dividirlos en dos categorías: los exotéricos y los esotéricos.
Los exotéricos son aquellos que han actuado directamente sobre la realidad, corriendo todos los riesgos que esta actitud comporta, mientras que los esotéricos son aquellos que lo han hecho desde las sombras, no pocas veces siendo los mentores y maestros de los que han desplegado su acción en el mundo, arrostrando todos sus peligros.
El libro de Dan Brown, El Código Da Vinci, desde el argumento de una ficción pretendida -encabeza la lista de libros de ficción en todo el mundo- revuelve una cuestión sustancial que tiene que ver con cuanto de firme y sólido aprendimos todos en Occidente respecto de la cuestión de la vida y obra de Nuestro Salvador, Jesucristo, concebido en el texto de Brown (le un modo muy diferente a lo que nos ha enseñado el dogma oficial al respecto. De alguna forma,ha tumbado la mamushka, para tener una acción tan sacudidora en el conjunto. La pregunta actual al respecto socava las mismas bases de Occidente, tal cual lo conocimos: ¿Y si El código Da Vinci fuera verdad?
En las siguientes páginas veremos no sólo el desarrollo de este interrogante inquietante, sino también quién fue Leonardo Da Vinci, y cuál fue su legado -y el de la tradición que él encarnó- para este dubitativo siglo XXI, que duda de las versiones de su pasado tanto como de los augurios sobre su futuro.
La gran pregunta, referida al código secreto y a la misma personalidad de Da Vinci, estriba en responder a lo que sigue: ¿Fue el gran artista plástico, arquitecto, ingeniero, protegido de reyes y de papas, un gran maestre de una secta anterior incluso al cristianismo? Conociendo su vida y obra, así como el desarrollo de la humanidad hasta su época y aun después, hasta la nuestra, es como lograremos comprender los hilos que llevan al intento de una respuesta. Mientras tanto, antes de asomarnos a estos directos interrogantes, sepamos un poco más sobre quiénes eran los gnósticos, la secta a la que probablemente haya pertenecido, en sus
facetas más secretas, el genial Leonardo Da Vinci.
4- QUIENES FUERON LOS GNOSTICOS ?
¿Quienes fueron los gnósticos?
Mientras se producía el lento arreglo entre la clase de los que tenían el poder militar y político y aquellos que tenían el poder sobre las creencias de los pueblos simples, una categoría distinta de creyentes se había ido gestando, paralela a la última de las clases dominantes, la de los sacerdotes de Osiris, en Egipto, la de los antiguos dioses grecorromanos, en el sur de Europa.
Se trataba de una casta de iniciados que tuvieron contacto entre sí, a través de los peregrinos que iban en busca de conocimiento hacia el Mediterráneo, a cuyas orillas se habían gestado los grandes centros de conocimiento.
Cuando comenzó la era cristiana, estos iniciados no dejaron por ello de prosperar, dividiéndose en diversas sectas, pero permaneciendo en la historia.
El nombre general que les damos es el de gnósticos, que equivale por sus raíces griegas a hombres de conocimiento.
Uno de sus desprendimentos, en Occidente, recibió este nombre y a través de él identificamos por lo general a los gnósticos de Europa.
Los gnósticos, entendidos como queda dicho en el párrafo anterior, los gnósticos de Occidente, perduraron durante los tres o cuatro primeros siglos de la Era Cristiana. Se consideraban seguidores de las tradiciones de los antiguos cultos de Egipto, de Babilonia, de Grecia y de Roma.
De la síntesis de aquellas antiguas creencias habían elaborado una doctrina, la gnosis, que interpretaba que las secretas decisiones de la deidad podían ser conocidas por el hombre y que aún éste podía contribuir a que ellas se plasmaran en la realidad, ayudando a concretarlas. Puede decirse que esa actitud consistía en la convicción de que el conocimiento directo, personal y absoluto de las verdades auténticas de la existencia es accesible a los seres humanos. Mas la obtención de tal conocimiento debe siempre constituir la suprema realización de la vida humana.
Ese conocimiento o gnosis era entendido como un saber filosófico de la verdad, un conocimiento que aparece en el corazón de forma misteriosa e intuitiva, siendo por lo tanto llamado, en por lo menos una obra gnóstica (El Evangelio de la Verdad), la Gnosis cardias, o conocimiento del corazón.
Se trata de un concepto que es al mismo tiempo religioso y marcadamente psicológico. Según él, la idea sobre la vida consiste en una transformación y una visión interior; en
suma, un proceso ligado a la psicología profunda.
Si pasamos a considerar a los gnósticos como los padres de la psicología profunda de la actualidad, tórnase inmediatamente clara la razón por la cual la práctica y la enseñanza
gnóstica de forma radical difería de la práctica y de la enseñza de la ortodoxia cristiana y judaica. El conocimiento del corazón, en favor del cual los gnósticos se empeñaban no
podía ser adquirido por medio de un pacto con la deidad, a través de un tratado o alianza que garantiza bienestar espiritual y físico al hombre a cambio del cumplimiento de un conjunto de reglas.
No se podía acceder a la Gnosis -el conocimiento de la verdad- por la mera creencia en que la actitud de sacrificio de un hombre divino en la historia pudiese aliviar la carga de culpa y frustración de los hombres y asegurar bienaventuranza perpetua, por fuera de los límites de la existencia.
Los gnósticos entendían que los principios éticos correspondientes a un cierto tipo de personalidad necesitan de normas para lo que actualmente podría llamarse la formación y el crecimiento del yo. Muchas centurias nos separan de los gnósticos históricos. Durante ese período, el gnosticismo se tornó no sólo en una fe o ciencia olvidada, sino también en una fe o una verdad reprimida.
Ninguna otra secta fue tan temida y odiada de forma tan incansable y persistente, por casi dos milenios, como la de los gnósticos.
Una vez establecido el cristianismo como la religión oficial del Estado romano, en épocas del imperio romano de Occidente, el emperador Constantino tuvo por método la destrucción de los gnósticos, perpetrando una verdadero genocidio religioso contra ellos. De modo tal arreció la crueldad contra los gnósticos, que los mismos tormentos que en las eras del paganismo eran reservados contra los cristianos, en época del inmisericorde Costantino eran aplicados contra la secta, incluidos el descuartizamiento, la entrega a las fieras o el desollamiento en vida.
La última gran persecución terminó con el sacrificio de aproximadamente doscientos gnósticos en 1244, en el castillo de Montségur, en Francia.
¿A qué se debía este ensañamiento con los gnósticos? ¿A que con sus prácticas de vida y de religión desafiaban a las normas imperantes en la época? ¿O a que conservaban entre sus tesoros algo que podría dar vuelta definitivamente la historia contada hasta ese entonces a la credulidad del pueblo? Quizá no se trataba simplemente de una leyenda. Podemos intentar una respuesta expresando que los gnósticos se diferenciaban de la mayor parte de los otros europeos no exclusivamente en detalles de creencias y preceptos éticos
sino además en su visión más esencial y fundamental de la existencia y de su propósito. Su divergencia era radical en el sentido más estricto de la palabra, de las actitudes y conjeturas de la humanidad con respecto a la vida. Independientemente de sus creencias filosóficas o religiosas la mayoría de las personas alienta ciertas suposiciones inconscientes,
pertenecientes a la condición humana, que no se originan en las actividades convergentes de formulación de la conciencia sino que irradian de un profundo e inconsciente substrato de la mente.
Esa mente es regida por la biología y no por la psicología; ella no está sujeta a escuelas conscientes. La más importante de esas suposiciones, la cual pudiera decirse que sintetiza todas las otras, consiste en la creencia de que el mundo es bueno y que nuestro desenvolvimiento en él es de alguna forma deseable y fundamentalmente benéfico. Esa premisa conduce a un sinnúmero de otras, todas más o menos caracterizadas por la sumisión a las condiciones externas y a las leyes que parecen gobernarlas. A despecho de los incontables acontecimientos incoherentes y maléficos en nuestras vidas, de los increíbles hechos que se suceden, de los desvíos de las reiteradas insanidades de la historia humana, tanto colectiva como individualmente, creemos que es de nuestra incumbencia el proseguir con el mundo, pues él es, al fin, el mundo de Dios, debiendo, por tanto, haber significado y bondad ocultos en sus procesos, de un modo tal imbricados y relacionados entre sí que sería difícil comprenderlos.
Asimismo, debemos continuar en el cumplimiento de nuestro papel dentro del sistema, de la mejor manera posible, esperando contra toda esperanza que una revelación del significado resulte de algún modo evidente. No es así, dijeron los gnósticos. Dinero, poder, constitución de familias,y la infinita serie de aceptaciones de las circunstancias y
obligaciones de la vida común y corriente, nada de eso fue jamás rechazado, en la historia de la humanidad, como lo hicieron ellos. Nunca aguardaron a que alguna revolución, po
lítica o económica, eliminara todos los elementos inicuos del sistema en el que el alma humana se encuentra aprisionada.
Su rechazo no se refiere a un gobierno o un sistema de propiedad a favor de otro; al contrario, se refiere a la total y predominante sistematización de la vida y de la experiencia. Por lo tanto, los gnósticos son conocedores --para los que creen en su existencia hasta la misma actualidad- de un secreto tan absoluto que los gobernantes de este mundo no podían permitir que fuera revelado en sus dominios.
De hecho, los gnósticos sabían algo: la vida humana no alcanza su realización dentro de las estructuras e instituciones de la sociedad porque éstas ni siquiera representan las más primarias proyecciones de otra realidad más fundamental. Ninguna atiende a su verdadera naturaleza individual siendo lo que la sociedad espera ni haciendo lo que ella desea. Familia, sociedad, iglesia, ocupación y profesión, lealtad patriótica y política, bien como reglas y normas morales y éticas en la realidad, de modo alguno conducen al verdadero bienestar espiritual del alma humana. Al contrario, constituyen con mayor frecuencia los propios elementos que nos alejan de nuestro verdadero ser espiritual.
Ese aspecto del gnosticismo fue considerado herético en épocas pasadas y hasta hoy se acostumbra llamarlo "negación del mundo" y "antivida"; pero eso mismo constituye, obviamente, nada más que buena psicología y buena teología espiritual, en el sentido que le dan los gnósticos a estos conceptos.
El político y el filósofo social pueden considerar al mundo un problema a ser resuelto; sin embargo el gnóstico, con su discernimiento psicológico, lo reconoce como una condición de la cual precisamos liberarnos por la visión interior. Los gnósticos no buscan la transformación del mundo sino la transformación de la mente, con su consecuencia natural; una mudanza de postura transforma el mundo. La mayor parte de las religiones también tienden a ratificar una actitud familiar de interiorización en la teoría. Con todo, como resultado de su presencia dentro de las instituciones de la sociedad, ellas siempre niegan eso en la práctica.
Para los gnósticos, las religiones generalmente se inician como movimientos de liberación siguiendo líneas espirituales, pero inevitablemente terminan como pilares de las propias sociedades.
En caso de desear llegar a la Gnosis, como ellos lo definen:"el conocimiento del corazón que libera a los seres humanos", debemos desligarnos del falso cosmos creado por
nuestra mente condicionada.
Los gnósticos dicen que el sistema y su mecanismo son perjudiciales y que precisamos salir de él para conocer la verdad y descubrir su significado. Hasta cobrar conciencia
de la inadecuación de nuestro estado de extroversión y de su insuficiencia en cuanto a nuestras necesidades espiritua les más profundas, no obtendremos ningún grado siquiera
de individualización, a través de la cual emerge el ser más profundo que somos.
Era de ese conocimiento, el conocimiento que se tiene en el propio corazón respecto de la inutilidad espiritual y la absoluta insuficiencia de las instituciones y valores establecidos del mundo exterior, del cual los gnósticos se valían para construir tanto una imagen de ser universal como un sistema de inferencias coherentes a ser extraídas de esa imagen (como era de esperar, ellos lo realizaban no tanto en (términos de filosofía y teología, sino más bien en términos de mito, ritual, y cultivo de las cualidades imaginativas y mitopoéticas del alma).
Algunos, del mismo modo que los esenios que se supone educaron a Jesús, se retiraban a comunidades y ermitas marginadas de la civilización. Otros, más numerosos tal vez, permanecían en medio de la vasta cultura metropolitana de las grandes ciudades, como Alejandría y Roma, del mismo modo que perduran -si hemos de creerle a algunos de sus voceros actuales- en New York, Berlín, Madrid, Buenos Aires, Oslo o Helsinki, en la actualidad. La mayoría de ellos tenían -y tienen sus herederos modernos- instrucción, cultura y riqueza; entretanto, continuaban conscientes del innegable hecho de que todas esas realizaciones y tesoros pierden la sabiduría de la Gnosis del corazón, el conocimiento de lo que existe.
No sin motivos, es por tanto, que cuando estudiamos detenidamente el gnosticismo antiguo, percibimos muchos lazos y dependencias entre su filosofía y las ideas y principios defendidos por Pitágoras (que vivió 25 años entre entre los sacerdotes de Egipto antiguo), Platón (discípulo de Sócrates),Aristóteles, Empédocles, Heráclito y Epicuro.
Una larga línea de trasmisión de aquellos conocimientos secretos, que según los antiguos tratados, se refieren primordialmente a la pureza del corazón y de los actos en este mundo, se extiende desde los primitivos gnósticos hasta nuestros días, tan vigente ahora como lo estaba antes y después de los primeros años de Cristo.
Pero la humanidad seguía su marcha y sus conflictos también.
hasta el surgimiento de nuestro señor Jesucristo el paganismo iría tejiendo más y más su alianza con el poder de los guerreros, hasta alcanzar niveles de mercantilismo imposibles de admitir aun en nuestro mismo tiempo. Los ejemplos que veríamos surgir después documentarían esta degeneración de los antiguos cultos.
En el antiguo Egipto, los sacerdotes de los múltiples dioses esquilmarían la credulidad del pueblo y el mismo faraón dependería de ellos. Detrás de sus ceremonias esotéricas y sus complejos rituales de iniciación, basarían su poder, además de en el terror y el respeto que difundían sus solemnes ceremonias, en el secreto más poderoso que guardaban_ el de saber sólo ellos cuándo y cómo el gran río Nilo crecería cada año, inundando la tierra reseca, cubriéndola de barro fértil y brindando las abundantes cosechas de trigo que hicieron que Egipto fuera llamado "el granero del mundo antiguo". Sin los sacerdotes, no había cosechas, y ellos lo sabían muy bien.
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En la antigua Roma, el aspecto mercantilista de los antiguos ritos degenerados en superstición alcanzaron ribetes de verdadera obscenidad. A las puertas del templo de Júpiter Capitolino, la deidad máxima del Imperio y considerado padre de todos los dioses y ancestro obligado del césar reinante, una tabla de mármol advertía respecto de las tarifas que cobraba el templo según el favor que los fieles esperaban del dios, pero, asimismo, una segunda plancha de mármol establecía que, si el don no era satisfecho diez días después de que el feligrés pagaba al tesoro de los sacerdotes el valor establecido para el pedido, tenía derecho a ser introducido en la cámara secreta donde se veneraba la estatua misma del dios e insultarla a los gritos, en el tono que mejor le pareciera. Si al mes el pedido no había sido satisfecho, el mismo fiel defraudado tenía derecho pleno a volver a insultar a la estatua de Júpiter y a arrojarte bolas de estiércol, hasta un número de seis, sin que nadie se lo impidiera.
Por supuesto, lo que el crédulo consultante había pagado al templo de Júpiter jamás le era devuelto.
5- QUIENES FUERON LOS MEROVINGIOS ?
¿Quiénes fueron los merovingios?
Si seguimos las pistas trazadas por El Código Da Vinci, vemos que Jesús no fue célibe y que tuvo trato carnal y aún matrimonio con María Magdalena. También que, luego de su crucifixión, María Magdalena, santamente encinta, huyó a la provincia romana de la Galia -actual territorio francés- con una niña en el vientre. La misma tuvo el nombre de Sarah.
El nombre de Sarah no deja de ser alegórico, por algo que podemos interpretar siguiendo el Antiguo Testamento. Abraham tenía una esposa llamada Sara -así, sin la hache final- que no podía tener hijos.
Cuando Abraham se dirigió a Jehová, Señor de los Ejércitos y de todas las cosas, para suplicarle que le diera descendencia en el vientre de Sara, Jehová le habló, diciéndole que accedería a su pedido y que de ella emanaría su pueblo elegido. Lo único que debía hacer la estéril Sara era cambiar levemente su nombre: de allí en más su nombre sería Sarah, con el agregado del signo hebreo que interviene en el nombre secreto de Dios, esa hache. Este signo, y ello bien lo conocen los que comprenden los arcanos de la Santa Cabalah, es un signo de bendición y de alianza con el Ser Supremo.
A partir de allí, Sarah lo único que hizo fue engendrar, aunque Abraham tenía setenta y seis años y ella sesenta y dos.
Así, Sarah, un nombre mítico, tampoco es una casualidad en la historia que estamos revelando.Sarah, la hija de Jesús, de algún modo refiere a la Sarah histórica del pueblo de Israel, la madre del pueblo elegido.
La hija de María Magdalena y de Jesús, llevó a Francia la sangre real, la sangre del Cristo, y en esto consistía el Santo Grial: el recipiente que contenía la sangre real no era otro que María Magdalena.
En la Galia, la sangre de Cristo se une a la de una estirpe llamada a reinar sobre el país, la de los príncipes francos, de los cuales la primera dinastía fueron los merovingios.
Surgidos al poder en los comienzos del siglo V, en la Alta Edad Media, los merovingios fueron monarcas siempre asociados a las creencias más antiguas de su pueblo, de origen bárbaro, y referidos como adeptos a las prácticas ocultas y arcanas, pues aunque asimilados al cristianismo imperante en esa Europa primitiva, no distaban más de tres generaciones de sus antepasados druidas, la religión traída por los celtas a su ingreso al territorio europeo.
En verdad, se los reputaba como capaces de realizar curas milagrosas, con la sola imposición de manos sobre sus súbditos, una costumbre que los reyes de Francia, sus descendientes, conservaron hasta bien entrado el siglo XVIII. Todavía Luis XV, una vez al año, a pedido del pueblo, tocaba a uno de los miembros de la multitud y se entendía que al tocarlo con sus regias manos estaba llevando la salud a toda la muchedumbre. Esto está bien documentado en manuscritos de la época y es, por otra parte, una verdad bien conocida por los historiadores. Esta costumbre, que perduró a través de los siglos, la de que el rey de Francia bendijera a sus súbditos con la imposición de manos, deriva directamente de los antiguos reyes merovingios.
Otra cualidad, además de la salvífera que tenía la presencia sola del monarca merovingio frente a su pueblo, era una característica distintiva de su estirpe. Ella consistía en la infinita tolerancia que los merovingios tenían hacia los que se manifestaban siervos de otra religión que la suya, la cristiana, en sus extensos dominios. Sabemos que no había monarquía más absoluta que la que desplegaban y ejercían los monarcas feudales en esa época, reputada como de barbarie sin cuento y de una intolerancia sin límites.
Mientras en otras regiones de Europa el solo hecho de manifestar a medias que se era disidente en el tema del respeto al rey y a la religión imperante, era motivo inmediato de prisión, torturas, muerte o, en los casos más clementes, de inmediato destierro, en las tierras de la Galia bajo el Imperio Merovingio la dulzura y el respeto de los diversos cultos era una señal que distinguía a todo el reino, y ello por un dilatado período.
La Francia merovingia era el oasis religioso e ideológico de cuantos eran perseguidos en el resto de Europa por sus creencias y sus maneras de ver el mundo. Mientras en la Germanía o en los reinos españoles en manos de los cristianos, quien fuera judío, árabe, o perteneciera a una de las tantas sectas en que se dividían las
principales religiones monoteístas, no podía vivir a cubierto sin temer por su integridad y la de su familia en cuanto ponía un pie en un poblado, en la Francia de los reyes merovingios tenía las plenas garantías de ser respetado y de que su vida no correría el menor peligro.
Desde luego, se entiende que en un clima tan favorable a la libertad de culto los sobrevivientes de los antiguos gnósticos, antecesores de los cátaros medievales, tuvieran el mejor asilo que la vieja Europa pudiera brindarles.
En medio de tantas libertades, sin embargo, algo acechaba a la dinastía merovingia. La Iglesia había ungido a Clodoveo, miembro de la estirpe que podemos suponer como emanada del mismo Cristo, como heredero del Sacro Imperio Romano Germánico. Sin embargo, su descendiente, Dagoberto, fue asesinado sin que el poder eclesiástico manifestara otra cosa que indiferencia ante el crimen.
Esta dinastía derrocada, que en el libro de Dan Brown es ayudada a intentar recuperar el poder en nuestros días por el misterioso Priorato de Sión, no es sin embargo extinguida del todo. Para la irrefutable verdad histórica, las casas reales de Europa tenían indivisibles lazos matrimoniales entablados entre sí, que favorecían las alianzas y las protecciones de aquellos que, en definitiva, resultaban ser parientes de sangre, en unos casos por vía directa, en otros no tanto.
Lo cierto es que la estirpe de los merovingios había establecido en toda Europa un vasto linaje, que se articulaba en príncipes, duques, marqueses y condes que llevaban el sello de esa divina sangre originaria en las venas, ya mucho antes de la conspiración de Pipino el Breve, el padre de Carlomagno, quien se hizo con el poder en Francia y estableció las bases del reino carolingio.
Por toda Europa, la sangre de los merovingios llevaba su mensaje de luz y de tolerancia, siendo acatado en mayor o menor medida por sus descendientes.
Entre ellos, estaban los príncipes de los diminutos reinados en que estaba dividida la Toscana, una región de norte de Italia, en la zona más próxima a Francia. Dominios que tuvieron señores merovingios o descendientes de merovingios hasta bien entrado el siglo XV, aun después del nacimiento de Leonardo DaVinci en esas tierras seculares.
y bélicas, fueron abandonando los temas y representaciones religiosas que eran sus únicos cánones posibles en la Edad Media, regida por el espíritu religioso. Comenzaron a pintar, esculpir y exaltar por medio de la palabra escrita a los hechos y logros de hombres comunes, bajo la nueva visión de un mundo regido por el poder y el dinero.
En pintura, por ejemplo, las viejas imágenes medievales, planas y compuestas por múltiples escenas en un mismo cuadro -escenas que podían abarcar distintas épocas y personajes, al estilo de una historieta compuesta por distintos cuadros que cuentan una historia- fueron reemplazadas por una sola escena donde los distintos elementos estaban integrados en una unidad de tiempo y espacio, dotada de perspectiva, la famosa "perspectiva renacentista", similar a lo que el ojo humano ve, concretamente, a su alrededor. Esta perspectiva era una nueva regla pictórica, que podía en imagen la nueva concepción del mundo: las cosas son tal cuales las vemos, y una pintura es como una ventana abierta a alguna parte concreta: la vida de un hombre, el interior de su casa o un campo de batalla, una imagen que obedece a las mismas normas que lo que ve el observador a su alrededor.
Desde luego, estos profundos cambios no se dieron de un golpe, sino que demoraron mucho en imponerse a lo anterior, y en buena parte de este tiempo del que estamos
tratando lo anterior y lo nuevo convivieron en conflicto.
Si bien los burgueses eran realmente muy poderosos,también lo eran todavía el alto clero y los feudales, por lo que en muchos aspectos las viejas nociones y las novedosas
se fundieron para ir lentamente trasformándose en una nueva fisonomía. Así, en pintura, los temas religiosos no desaparecieron, pero sí se transformó su forma de representación,
adoptando la perspectiva renacentista y el referido criterio de "la ventana", mientras las antiguas tablas pintadas medievales se iban extinguiendo hasta desaparecer.
Desde luego, los cambios se evidenciaban mucho más en las grandes ciudades-estado, mientras que en las regiones rurales, aisladas geográfica, política e ideológicamente de los grandes centros urbanos, el período anterior se conservaba más o menos intacto. Una de estas reliquias era la aldea de Vine¡, que tenía más de villa medieval que de otra cosa.
6-QUIENES FUERON LOS CATAROS ?
¿Quiénes fueron los Cátaros?
La palabra cátaro viene del griego kazaros, que quiere decir puro. También los miembros de esta secta, que tuvo una importancia preocupante para el Vaticano en la Edad Media, eran conocidos como albiguenses. Esta última denominación se debe a que eran muy numerosos sus miembros en una región del sur de Francia, llamada precisamente Albi.
Para encontrar su origen, debemos remontarnos al siglo X, cuando el clero católico se sumerge en abadías y monasterios que apartaban a sus miembros del mundo, permitiéndoles a éstos dedicarse a los estudios clásicos, teológicos y filosóficos, mientras su sustento estaba abundamentemente financiado por las pingues ganancias que les daba a las abadías y monasterios el diezmo que cobraban a los campesinos y labradores por el cultivo de las tierras propiedad de los establecimientos religiosos. Fuera de éstos, sin embargo, había otro tipo de monjes, de mucho menor cultivo intelectual, que vivían mucho más en contacto con los sufrimientos y las penurias de los campesinos que le daban abundante sustento a las instituciones religiosas, las que, como queda dicho, se manejaban con ellos casi del mismo modo que los señores feudales de entonces.
Este otro sector del clero estaba constituido por los curas de aldea y los de las ciudades. Sin el lustre intelectual de los que vivían regaladamente en los monasterios, aplicados a traducir a Aristóteles y Pitágoras, incapaces de hablar un latín clásico sino una mezcla de la antigua lengua romana y el habla vulgar de sus feligreses, estos monjes se fueron dejando influenciar por los aires de cambio que florecían por todas partes, que no se plasmaban más que en el anhelo de un retorno a los ideales de los antiguos cristianos, basados en la pobreza, la pureza de los hábitos y el predicar la palabra de la Biblia.
El inquietante malestar que esto estaba evidenciando tuvo una respuesta lenta pero real por parte de la Iglesia, denominada la Reforma Gregoriana: desde el siglo XI hasta el siguiente, algunos cambios fueron implementados desde Roma para resolver dentro del orden las reivindicaciones de los fieles y de sus rústicos pastores.
Pero la semilla estaba sembrada y no tardaría en germinar. En toda Europa meridional, los monjes y los creyentes laicos salieron a las calles a predicar en su propia lengua -el origen del francés, del español y del italiano modernos- sin esperar a tener el permiso del Vaticano para hacerlo. Del mismo modo, algunos audaces de mayores luces se aplicaban a traducir la Biblia a esos idiomas que hablaba el pueblo. Pensemos que por entonces la Iglesia demoró en reconocer a la Orden de San Francisco de Asís, que seguía acatando su voluntad, para entender cómo se establecía el control sobre lo que era obra de la Iglesia y lo que no lo era, mientras otras gentes estaban predicando desde hacía décadas y su consenso entre los pueblos iba más y más en aumento.
El surgimiento de los cátaros se produce en medio de este clima de descontento general, de agitación, y de paliativos medianos que dio la iglesia de Roma a los pedidos del pueblo y el clero bajo.
Desde luego, la doctrina cátara fue gestándose lentamente, pero iba madurando al calor de las revueltas y los desafíos al dogma oficial de la Iglesia.
Pero, ¿en qué creían estos herejes que llegaron a enfrentar con las armas en la mano al poderío de Roma, en los años siguientes a su surgimiento? Debemos generalizar, ya que las creencias cátaras se iban complejizando más y más a medida que su movimiento se iba desarrollando. En principio, debemos afirmar que no creían en las medias tintas, en la indulgencia respecto de las costumbres o la adhesión a su misma doctrina. Se era cátaro o se era otra cosa. Estimaban que el mal era un campo sin contacto con el bien y viceversa. Se podía ser malo o ser bueno, pero no había posibilidad, para un cátaro, de ser alguien a mitad de camino entre una cosa y otra. Sin embargo, creían que el alma del hombre era el terreno donde se libraba la eterna batalla entre el bien y el mal. El hombre cátaro difería del católico apostólico romano de ese tiempo en otras cosas más: en principio, la abstinencia sexual no poseía un valor especial para ellos, siempre y cuando no produjera descendencia, puesto que abominaban de la materia y para ellos el reproducirse era engendrar más y más materia, la fuente de todo mal.
Organizativamente, tenían dos categorías: los creyentes y los perfectos. Los primeros servían a los perfectos y debían atravesar duras pruebas para convertirse en uno de ellos. Los perfectos no ingerían, entre otros hábitos que debían observar, carne, queso, huevos ni alimento alguno derivado de algo vivo que se había reproducido antes, pues ello era parte de la repulsión que sentían por la generación de la materia.
En la esfera de sus oficios religiosos, los cátaros abjuraban periódicamente de la religión católica y a la vez se confesaban regularmente. Frente a la esperable represión
organizada por la Iglesia, no renegaban de su fe ni ante la muerte ni la tortura y predicaban sus creencias de un modo notorio, siendo fácilmente identificables los perfectos por llevar un traje negro y otras señales que delataban su condición en público.
Tanto predicamento comenzaron a tener entre el pueblo, que el papa Inocencio II organizó una verdadera cruzada contra los cátaros, dirigida por un noble de alta reputación: Simón de Montfort.
Al parecer, los ánimos estaban bastante divididos, pues algunos aristócratas llegaron a empuñar las armas contra la cruzada de Montfort, como fue el caso de Pedro de Aragón, quien armó una ejército contra el cruzado de Roma y fue derrotado y muerto por éste en 1213. Evidentemente, demasiado poder habían alcanzado los cátaros para que los mismos señores feudales arriesgaran sus vidas por protegerlos, singularmente en el sur de Francia.
Pero a pesar de tener a una parte del pueblo de su lado y a algún sector de los señores feudales apoyándolos, los cátaros, que se vieron obligados a enfrentar a la Iglesia en acciones bélicas, fueron derrotados una y otra vez por los ejércitos del Papa y sus aliados. Para la nobleza del norte de Francia, acabar con el poder de los señores feudales que habían aceptado la fe cátara era la ocasión de apoderarse del sur del territorio francés y no iban a dejar escapar la ocasión.
Finalmente, los cátaros, derrotados en sucesivas batallas, se atrincheraron en el castillo de Montsegur, propiedad del conde de Perella.
Un ejército papista de más de 10.000 hombres de guerra puso sitio a la fortaleza en 1243.
Cuentan las crónicas que un traidor escondido entre los cátaros les indicó a los sitiadores cómo llegar al interior del castillo, lo que obligó a los sitiados a terminar rindiéndose.Acordada la rendición, les fue ofrecida la vida a los sitiados, con la condición de que renunciaran para siempre a su fe.
A la mañana siguiente, al momento en que había que hacer efectiva la rendición del castillo, doscientos perfectos se lanzaron a una inmensa hoguera dentro de la fortaleza, decididos a dejar la vida antes que abdicar de sus creencias.
En esa hoguera terminó para la historia of